26.2.13

El de las lágrimas cristalinas, le decían.

El sabor del ligero espesor de sus propios fluidos, del fluido más vital. Una gota escarlata que se desliza por su piel como en su día lo hicieron sus caricias. Desde su sien hasta su mentón, donde moría aquella gota, donde se precipitaba al vacío y caía a la nada, sobrepasando ese límite en el que él mismo se balanceaba. Como si aquello no fuera el juego más peligroso del universo, sólo algo cotidiano y pasajero. Se relaja poco a poco, y deja que la fuerza de sus puños se disipe lentamente, volviendo cada músculo y sentimiento a su sitio casi a su sitio. Duele, pero también decide abrir los ojos. Eso sí que duele.

Momentos de la noche anterior desfilan frente a sus ojos. Una llamada telefónica. Unas palabras. Sus palabras. Y sus propias blasfemias que acaban con ese atisbo de esperanza que se aferraba al ordenado joven que vivía en un barrio plagado de excarcelados luchando mendigando la reinserción en la sociedad. El teléfono desaparece pues entre los montones de cristales que, tras un violento y contundente choque, se despiden desde la pantalla de un televisor que en aquel momento aún emitía algunas de las noticias de la jornada.

Nota los fragmentos de vidrio sobre su piel, incluso en su boca. Le duele la garganta de gritar hasta desfallecer, y le sangran muchas más cosas que la mera fachada que impone al mundo, con una sonrisa que siempre ocultó la miseria de una vida llena de pobreza y odio. Sangra su pecho, sangra su corazón. Sangra su alma y se descose con cada llanto contenido que nace en lo más profundo de sus entrañas. Se deja caer, aterrizando sobre una montaña de sueños rotos, expectativas devastadas, y un futuro que desaparecía como si una goma de borrar lo arrollara.

Vuelve a la noche anterior, quizá para entender qué hace, dónde está, y qué es lo que le depara ahora su vida. ¿Su vida? ¿Acaso le queda algo de vida en ese cuerpo desnutrido y penitente, en el que se descargan las iras del destino? Suena su teléfono. No piensa cogerlo. Debe ser ella, pero ¿para qué la necesita ahora? No quiere sufrir más. Sólo cerrar los ojos y sentir las heridas cicatrizar infectarse. Y quizá morir después, ahogado en su propia autodestrucción, para ser enterrado bajo metros y metros de simple tierra. Tierra húmeda, sobre la que caminen los mortales, mientras él permanece inerte e impasible ante una realidad que ya no le afecta.

Mira a su alrededor. El desastre que su locura ha causado le consume, al igual que los pedazos de vidrio que se acoplan a su rostro, se camuflan entre lágrimas y penetran en él, en su personalidad, en su vida. Ahora él es el joven de los cristales dentro. De las heridas internas e incurables.

"No puedo seguir adelante." La rabia le invadió, quiso desaparecer, dejar todo atrás. ¿Qué más daba? No le quedaba ya nada. Y tragó, entre quién sabe cuántos cristales, decenas de comprimidos que le garantizaban el viaje de ida sin vuelta. El que no da marcha atrás. El que acaba con todo.

Podría haber elegido un cigarrillo. Incluso una botella de vodka, ¿por qué no? Pero él necesitaba algo más fuerte, algo más drástico. Y destrozar su apartamento con la pata quebrada de un mueble de madera es insuficiente cuando en tu interior se lucha la más cruenta de las guerras.


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Comentad y compartir. No es gran cosa lo que os pido, pero sí que significa mucho.

PD: ¿Qué estoy haciendo con mis textos? ¿Me estoy cambiando de género? ¿Influencia de alguien en especial (que la persona adecuada se dé por aludida)?

12 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Transmite una sensación muy angustiosa, la que alguien debe tener para protagonizar una situación así. Lo único que me viene a la mente al leer esto, son todas esas personas que deberían encontrarse en un momento así, es decir, personas malas, que han hecho mucho daño a lo largo de su vida, y sin embargo salen airosas. Aunque paradógicamente, parece que el protagonista de esta historia siente cierta redención, cierto arrepentimiento, y puede que esto de algún modo y en cierta medida le libre de merecer lo que le está sucediendo, algo que no pasa con los otros, los que no sienten culpabilidad alguna.
    (Perdón por el cambio de cuenta, prefiero utilizar la principal).
    Muy buena entrada, como siempre. Un saludo!

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  3. Puf no sé ni que decir. Después de ponerme al día en tu blog sólo puedo decirte que gracias Yaiza, gracias por enamorarme con cada una de tus letras.
    Debo decir que es cierto, ultimamente se nota la influencia (AAGG ojalá se me pegue a mi algo de vosotras)
    Y que sigas así, que lo estás haciendo genial.
    Besis. Ternura. Que derroche de amor. ¡Cuánta locura!

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  4. No sé ha que se debe el cambio de tu escritura, ni si es temporal o duradero, pero me encanta. Me has conmovido... No sé. Comprendo muy bien lo que ese chico debió de sentir. Es como si en tu pecho estuviera estallando todo, y cada segundo se hace una prolongación innecesaria de la agonía, entonces te preguntas ¿Para qué? y te gustaría acabar con todo, dejarlo todo atrás. Y como tu bien dices no te vale con el alcohol o las drogas, ese es el método que todos eligen. En tu dolor sientes la necesidad de destruir(te) por completo.
    Debo pasarme más a menudo por aquí, es un gran error no hacerlo, siempre que te leo me dejas pensando como cuando acabas un buen libro.

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  5. Esa autodestrucción que nos (o me) ahoga al pisar la puerta de un hospital y escuchar llantos y plegarias a un Dios que exista o no, no puede hacer nada porque la muerte se alimente de almas humanas, como lleva haciendo toda su vida. Su puñetera vida.
    Esa autodestrucción que nos hace desear todo lo que nos rodea destrozado, ver sangrar a todos los que nos dañan sin compasión para verles arrodillados ante nosotros y decirles que ahora sus lamentos no sirven de nada. Ya no.
    Esas heridas ya están infectadas.
    Como las de él.
    Esas ganas de seguir luchando ya están desgarradas, destrozadas y mezcladas con todos esos cristales.
    Como las de él.
    Que las lágrimas perdidas por causas sin solución ya están más que secas en la almohada.
    Como las de él.
    Que la sed de sangre se te pegue es tan atractivamente deseable, que me ha encantado esta entrada. (Tenías razón, como me conoces)
    Yaiza, te mueves bien por todos los géneros que he tenido el placer de leerte, pero chica, la sangre me atrae. Y tus palabras, como ya han dicho, enamoran.
    Te admira, lo impensable, como escritora y como persona,
    S.

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  6. No quería atrasarme más con los comentarios, así que haciendo excepción, te escribo hoy mismo recién publicado yo, para no tener que comentarte un ultracomentario que quizás ni siquiera te apetezca leer por largo. La entrada ha estado bien, supongo que un ligero cambio de aires no le viene mal a nadie, aunque puestos a hablar, espero que esto no sea porque estés en algún momento malo. Sino, espero que no nos acostumbres a cosas tan bien escritas como está, pues la autodestrucción hay mil formas de verla. Sin duda, algo que destacaría de esto es lo de las heridas. Infectar en vez de cicatrizar? perfecto. Tan perfecto como siempre. Así sí, Yaiza :)
    (K)

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  7. Es la primera vez que te leo, y realmente me encanta como escribís.. confieso que se me puso la piel de gallina.
    Voy a pasar seguido por acá :)
    te dejo un beso grande.

    P/D: La toma de Evan Peters que utilizaste es perfecta. Amo profundamente su personaje en American Horror Story.

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  8. Bleh, ya me han quitado las palabras de la boca los de arriba. Aunque quizás esta excusa no sea cierta, creo que el responsable de esta fuga de palabras ha sido tu texto. ¡Qué texto! La historia del chico apenas se dejaba entrever, pero joder, he podido sentir su dolor y su desesperación dentro de mí, y se me ha hecho un nudo en la garganta. Me ha encantado el vocabulario tan cuidado que has usado, y las expresiones, que más acertadas no podían ser. Todo un placer leerte, como siempre.

    Te espía mientras tecleas para aprender de ti,


    Daw.

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  9. Yaiza, hacía años que no me pasaba por aquí y al ver tu comentario me he dicho, le tengo que hacer una visita, por fin he terminado los exámenes, tú qué tal con ellos? Decirte que he leído las dos ultimas entradas y veo que cada vez escribes de una forma mucho más madura, no sé, yo ya me entiendo, además parece que las imágenes que pones sean creadas para el texto en serio. Un beso muy muy fuerte!

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  10. Te dije: ''El finde que viene prometo poner algo y dejarte un comentario enrome:D'' ¿verdad? Pues bien, lo prometido es deuda.

    Lo primero, en lo que menos me quiero extender, he acualizado, ¡después de un mes he vuelto! Me ha costado trabajo, como te dije, mi inspiración se había ido, pero lo de tener exámenes es muy útil para que vuelva, así que la semana pasada se me ocurrieron unas cuantas cosas.

    Lo segundo, es el comentario que te prometí, en ello estoy. ¿Y qué te voy a decir? No se cuántas entradas me he perdido. Cuatro, acabo de contarlas y son cuatro. No sé qué está pasando, ayer comprendría perfectamente tus tuits sobre blogger, y es que está perdiendo el interés de muchas personas, no digo todas, pero sí unas cuantas. Desde luego, no es mi intención, de hecho tenía ganas de actualizar de una vez porque mis estadísticas estan por los suelos, no sé si es que no escribo mucho o si de verdad no soy la única que se está alejando de blogger. Pero yo no quiero que me pase eso, joder. Con esto quiero decirte que espero no volver a tardar tanto en pasarme por aquí, me he sentido fatal, de verdad.

    Bueno, ¿y si me centro en lo que has escrito? Es cierto, he leído tus anteriores entradas (esas en las que no comenté, que tengo que decirte que son perfectas) y se diferencia algo al estilo que tenías antes. Pero, ojo, que no es nada negativo, como buena escritora que eres, tu desarrollo como tal va evolucionando. No sé si estoy usando los términos adecuados, pero el caso es que no por cambiar van a ser peores textos. Al contrario, me ha encantado, es muy profunda esta entrada, ¿triste? no lo sé. Realmente no tengo mucho que decir, pero de verdad, tienes futuro en esto :3

    Y tanto que lo prometido es deuda, creo que es el comentario más extenso que te he escrito desde hace un tiempo. Espero que en vez de aburrirte te saque alguna sonrisilla. Por cierto, ¿está claro quién soy? Es que me daba pereza entrar en mi cuenta, con esto de que tengo que usar otro navegador porque desde Chrome no puedo comentar y tal (no preguntes por qué).

    Te ruego que me perdones si te he escrito cosas un poco liosas, difíciles de comprender, mal expresadas, frases muy largas y todo eso, pero también me da mucha pereza revisar el comentario.

    Un beso muy muy grande, Yaiza.

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  11. Ay madre, 11 maravillosos comentarios antes que yo, siendo haberme demorado tanto, y siento hacerlo ahora.
    En fin, vamos al texto.
    TUS. PA-LA-BRAS. A ver, punto primero, estoy totalmente de acuerdo con Sab, sobre todo en lo bien que te mueves por todos los géneros, ¡Qué talento! Lo tuyo, es muy grande. ¿Puedo decir que a partir de hoy, es uno de mis textos preferidos? Las fotos, las palabras, la realidad. Ese último párrafo.
    Todo.
    Increíble.
    Muchos besos,
    Lau.

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