13.1.13

Soldado 575 - III


A la luz incandescente de una precaria y diminuta lámpara cuya bombilla acumula parte de los desechos de la guerra y bajo mantas de esparto que absorben polvo, sangre, sudor y dolor. Así son las noches en la guerra, las noches en barracones atestados donde el cansancio y el miedo se respiran. Ya han apagado las luces, se ha acabado el tiempo para bromear sobre los turgentes pechos de alguna famosa actriz o escribir cartas mintiendo sobre lo seguro que está uno de volver junto a los suyos.

Pero él no puede dormir. Muchos no duermen bien desde hace bastante, quizá desde que cargan en su conciencia con alguna que otra vida. El resto se duermen porque sus cuerpos no soportan más aquella realidad de sombras bermellones que danzan entre balas y casquillos, esquivando minas anti personas y sobreviviendo sin vida.

Esa lámpara. Esa pequeña lámpara portátil le salva las noches de oscuridad. Le alivia la angustia, pero no le rescata de un lugar del que no hay demasiadas salidas.

La luz se refleja en el acero. Acero brillante, casi impoluto... Aquel soldado era un recién llegado, un joven que no sabía hacia dónde iba. La deja caer como si fuera un péndulo sobre su cuerpo, con los brazos en alto mientras descansa sus músculos en una postura horizontal sobre lo que llaman "cama". Su cabeza está apoyada sobre un petate, y la lámpara sobre una especie de mueble de madera junto a su cama.

La placa se balancea en el aire sin necesidad de que él le dé ningún impulso. Es como si tuviera vida, porque es lo único que queda de aquel soldado que perdió mucho más que el latido de su corazón en aquel tiroteo inesperado.

"¡Apaga la puñetera luz, hijo de puta! Algunos queremos dormir..."

Suena al otro lado del barracón. Probablemente, fuera quien fuere el emisor de aquellas palabras desconociera que era un cabo primero el que se refugiaba bajo una luz que le hacía olvidar, vagamente, dónde se encontraba. Pero el cabo primero ya había vivido demasiadas cosas hoy, quizá él también necesitara dormir. Así que enganchó la cadena al complejo sistema de alambres cruzados que soportaba el colchón de su compañero de litera y la dejó ahí, colgando sobre él.

Apagó la luz y la miró. Un pedazo de metal que te identificaba, "por si acaso". La luz de la luna se reflejaba sobre aquella placa de identificación en la que la oscuridad impedía ya leer el 575. Recordaba las palabras del capitán, y se le hundía el mundo poco a poco.

"Capitán, habla como si..."
"¿Como si la guerra fuera fuera una mierda? Sí. La guerra es una mierda."

Aquellas palabras habían succionado cualquier rastro de esperanza, de motivación para seguir adelante. ¿Qué esperaba él de un lugar cómo aquel? Ignorancia la suya al prometer que se alistaría.

"¿Qué pretendes conseguir aquí, pedazo de imbécil?", le dijo una voz interior, justo antes de cerrar los ojos.


Aquella noche, el Cabo Primero caminó por campos de amapolas color sangre cálida en sueños, dulces sueños. 
Cruzó el campo como lo hacía con sus amigos hasta llegar al instituto, sin importarle cuántas
amapolas fueran mutiladas a su paso, como cuando aún era un chaval,
un inocente e ingenuo chaval.
Pero caminó solo. Totalmente solo a través de amapolas pochas que lloraban el horror de la guerra.
Ahora era Cabo Primero, futuro sargento con suerte. Ya no era aquel chaval.
Aquel chaval inocente e ingenuo, que ya había desaparecido.
Había disparado. Había matado.
Sobre su conciencia había vidas. Vidas de personas, y no de meras amapolas.
"¿Pero quién soy yo para arrebatarle la vida a alguien?",
se preguntaba mientras a él ya no le quedaba nada.

________________________________

Imágenes: Las dos primeras deben sus derechos al fotógrafo Tim Hetherington. La última imagen pertenece a una película británica, Atonement (Expiación en la versión española), totalmente recomendada, cuyos protagonistas son James McAvoy y Keira Knightley.

Habrá más partes, así que atentos.

6 comentarios:

  1. Vaya, está novela no deja de sorprenderme. Además no das demasiado información nueva y da igual, porque me sigue enganchando.
    Estoy deseando ver el próximo capitulo.
    sigue así :)
    Posdata: Cuando una persona nace sin ninguna maldad, esa forma de ser le perseguirá toda la vida. Creo que debe ser muy duro ser militar y cargar con el número de vidas con las que has acabado. Debe tener la sangre más fría. Y tú personaje tiene un corazón hecho para ser bueno. Estoy deseando ver como le afecta está situación en los próximos capítulos. Mi cabeza ya barajea algunas opciones. :)
    Un besito!

    ResponderEliminar
  2. "Cruzó el campo como lo hacía con sus amigos hasta llegar al instituto, sin importarle cuántas amapolas fueran mutiladas a su paso, como cuando aún era un chaval".
    Joder, Yaiza...
    Si esas mantas pudieran hablar, ¿no? Nos dirían cuántas vidas arrebatadas en campos de batallas crecían de la tierra en sueños, con forma de amapolas rojas. Rojas (como eso que alimenta mi tintero). Rojas como la sangre derramada de todas esas vidas.
    ¿Me permites?
    Sí, ¿me permites comparar la luz que alguien desde la otra esquina del barracón le grita que apague, con la esperanza que disparos, bombas y muerte matan poco a poco? ¿O debo preocuparme por ser tan obsesiva con leer entre líneas?
    ''Vamos soldado, descanse, pero nunca baje la guardia, en cuaqluier momento, puede ser una de esas amapolas". Dios. Es que me... me está llegando esta historia, eh querida Yaiza.
    Por favor, sorpréndenos con la siguiente.
    Te aprecia,
    S.

    ResponderEliminar
  3. Jo, Yaiza, no he llegado a la segunda parte, pero acabo de leer la segunda y la tercera seguidas y, de verdad, flipantes. ¿Recuerdas que alguna vez te he dicho que la entrada que más me ha gustado tuya era "El fuego nos consume"? Creo que es hora de sustituirla por estas de la guerra.
    No me gusta el tema de la guerra en general, pero fíjate si de verdad me tienen que gustar estas entradas para pensar que son las mejores que he leido tuyas. A ver, no sé cómo sonará eso de que no me gusta el tema de la guerra, pero lo que quiero decirte con eso es que es totalmente en serio que la historia de "Soldado 575" me ha impresionado.
    Siento no haber comentado en la anterior, espero no saltarme la siguiente.
    Un beso!<3

    ResponderEliminar
  4. Quizá sea porque yo me veo incapaz de crear esta historia, quizá sea porque cada detalle me parece conmovedor, emociona, quizá sea porque tus palabras no se han cansado de enamorarme. Pero estoy enganchada a estas entradas, al corazón solitario del cabo primero que está tan confuso que incluso le presta atención a una simple vida más que se ha perdido entre el pelotón, y al pasado que esconde detrás. No puedo decirte nada que no te haya dicho ya, me parece. Increíble. Fantástico. Desde la primera palabra a la última.

    Un besazo enorme, pequeña gran escritora <3.

    ResponderEliminar
  5. A ver, primero, RT a Sab, por lo de las amapolas rojas por la sangre derramada. Qué gran realidad.
    Si te soy sincera, los temas de guerra siempre me han interesado, como digo muchas veces, no me malinterpretes, pero es algo que... No sé. Y si me gusta, y además lo veo convertido en la historia que has hecho, escrita por ti, suma, suma por mil, porque estas cosas que escribes son impresionantes. Bendita sea tu imaginación, cada día te superas, te lo digo muy en serio.
    Siento que mis comentarios den tanta pena comparado con los otros, pero es que no doy a más.
    Besos Yaiza <3

    ResponderEliminar
  6. Cualquiera podria decir que los tres capitulos son lo mismo.Si.La misma tematica,es arriesgado porque podria hasta resultar monotono tanta guerra.Pero no es el caso,tu haces cada relato diferente le das vida a una historia con tus palabras.
    Creo que hasta un historia monotona cobraria vida con tus palabras,joder yaiza...
    Clari te lovea <3

    ResponderEliminar